miércoles, 27 de febrero de 2008

REMERAS NEGRAS


Escrito por MRF, en La Plata, el 27 de febrero de 2008



“Mirá hermano…yo sé lo que te digo!...Si la historia y el patriotismo, manejados con cierta malicia, no te pueden abrir cancha, es porqu´estás destinado a vivir de tu trabajo…¡Pero, es bueno que tentés!...La historia…”
-Como pa historia´ndo yo… que de pobre me voy quedando hasta miope.
Patriotismo…y caldo gordo, de Fray Mocho
Habían recorrido la distancia que separa Gualeguaychú de Concordia en una combi blanca. Incluidos los fotógrafos y periodistas, el grupo estaba formado por no más de veinte personas. La mayoría de ellos eran saludables cincuentonas y sexagenarios de pelos grises, todos pacíficos ciudadanos, gente mansa. En pocos minutos desembarcaron sus bártulos (equipo de sonido, pancartas, banderas argentinas, etc), sin prisa montaron la escenografía y comenzaron el “escrache”, uniformados por sus remeras negras. Sobre la cerca de la vivienda instalaron un gran cartel que hacía elocuente su propósito: “Mauro Real traidor a su país fuera del nuestro”. Después de amenazar a toda la familia de varias formas y de arrojar huevos podridos hacia la casa, el acto concluyó cantando, con simulada unción, el Himno Nacional Argentino.
-Entonces, ¿La tarea de inteligencia previa y la eficaz organización, fueron las causas del éxito de la operación?
- ¡Afirmativo!

Escrachar es una palabra ingresada a la lengua de los argentinos por la ventana del lunfardo. Tiene varios significados que, de algún modo, establecen los límites dentro de los cuales puede moverse el escrachador y determinan, a su vez, las consecuencias que habrá de sufrir el escrachado. De tal forma, se puede escrachar con una cámara fotografiando al sujeto subrepticiamente o se puede escrachar al miserable rompiéndole la cara. Sin embargo, la acepción que hoy parece más popular es la de poner a alguien en evidencia, delatarlo abierta y públicamente. No obstante, conviene no olvidar su etimología italiana (schiacciare) que significa aplastar.
Se aprecia, a simple vista, que el alcance del escrache dependerá de la voluntad e intención del escrachador. Aunque, tal vez, también dependa de la actitud del escrachado. ¿Qué tál si éste enfrenta al escrachador con epítetos y frases también intimidantes? ¿Cómo se resuelve la pulseada?, por la fuerza. ¿Y quién gana?, el más fuerte. Si ésta es la lógica aplicable, ¿como se evita la contienda? Sólo es posible eludirla si el escrachado es suficientemente débil como para responder al ataque. Es por eso que la mecánica del escrache se sustenta en la dinámica de grupo contra individuo. La patota, la barrabrava, la brigada de choque, el grupo comando o la turba contra el culpable. Se garantiza de esa forma el éxito del escrache.
La sucesión, delación-intimidación-linchamiento, se interrumpe o se completa dependiendo de las circunstancias. El grupo avanza hasta donde lo indica su sensación de impunidad, la convicción de que no tendrá castigo alguno, de que él representa la ley.

“Crece la movilización. La Asamblea escracha a directivo de Botnia”, tituló, en primera plana El Dia de Gualeguaychú.
“Teníamos miedo de Concordia, pero la policía apareció cuando ya nos íbamos”, declaraba uno de los remeras negras. Son indicios de que estás protegido, te sentís seguro.
“No te vamos a dejar en paz, vamos a volver”, vociferaba frente a la casa de Mauro una saludable señora detrás del megáfono. Y como si no fuera suficiente, le reclaman que piense en sus hijas cuyos nombres mencionan. ¡Una canallada!
La Asamblea de Gualeguaychú tiene en su haber varios escraches: la casa del asambleísta Hector Rubio, la del vecino Guillermo Fazzio, la del ex-vicegobernador Guastavino y ahora la de Mauro Real de Azúa. Todos por distintas causas recibieron el mote de traidores. Estos no han sido, sin embargo, los únicos episodios donde la patota ha exteriorizado su prepotencia
.

Es evidente que la elección del sujeto del escrache debe ser realizada de alguna forma. Algún simulacro de juicio –público o secreto- habrá de llevarse a cabo, sin derecho a defensa por la obvia culpabilidad del acusado. Cada grupo escrachador tendrá sus propias reglas para elegir el candidato y establecer el alcance de la operación.
Se ha dicho que el escrache es un invento argentino. Sin duda, el procedimiento se ha convertido en un hábito local. No obstante, como el dulce de leche, aquel tampoco es un invento argentino.
Humillar y denigrar al enemigo ha sido, y es, un procedimiento habitual en el mundo. Nuestra Santa Inquisición, quien llevara a un alto grado de sofisticación y sistematización los métodos de tortura y de ejecución de condenados, nos muestra también como tratarlos si estos, a juicio del tribunal inquisidor, no merecieran la pena capital.
Así es que, a los reos que no hubieran hecho suficientes méritos para consumirse en la hoguera, se les solía vestir con una túnica de arpillera, un capirote sobre la cabeza y un escapulario con la cruz de San Andrés colgado del cuello -un sambenito- y se los exponía así vestidos a la humillación pública. Hoy se le “cuelga el
sambenito” a quién es objeto de difamación y desacreditación.
“Señores vecinos sepan que están viviendo con el traidor al lado de sus casas”, se desgañitaba en la despedida la generosa dama de remera negra.

Para no ensañarnos con el Santo Oficio, es justo recordar que, durante los años de terror de la Revolución Francesa, el escarnio público –escrache- precedía a la filosa labor de la guillotina. De tal forma desfilaron por las calles de París, en un carro y en medio de la multitud que los vituperaba, primero María Antonieta, tiempo después Dantón y finalmente el mismísimo "incorruptible", Robespierre. Una asamblea, el Comité de Seguridad Pública, tomaba las decisiones sin demasiados prolegómenos y consideraciones.
Hay quienes se sienten incómodos cuando al analizar ciertos métodos de acción política, se lo hace a la luz de la historia de los totalitarismos contemporáneos. Sin embargo, hacerlo es inevitablemente correcto.
En el principio están las Sturm Abteilung (camisas pardas) escribiendo “Juden” sobre la vidriera de aquel comercio de Berlin y exhibiendo un cartel que reza: “¡Alemanes resistan! ¡No compren a los judíos! Pacífico y simple escrache dirigido a los enemigos de la causa nacional. Luego siguieron los campos de exterminio y la solución final.
¿Exageración, basada en historias ajenas y lejanas? ¿Nada nos dice nuestra historia próxima?

Ese año de 1977, casi a diario se tropezaba, en alguna de las calles de La Plata, con “la patota”. Aquella siniestra caravana de autos variopintos llenos de sujetos malentrazados y armados. Casi no se hablaba del asunto. La vida, para la gran mayoría, transcurría sin mayores sobresaltos.
Una mañana de febrero como otras, estacionaba el auto en la puerta de su casa. En un minuto recogería a su esposa y a los pibes para iniciar la jornada. Al levantar la vista los vio salir por el pasillo. Venían de su departamento.
Ante su pregunta dijeron que llevar documentos no era necesario. Lo hicieron acurrucar en el suelo, detrás del conductor, lo cubrieron con una frazada y partieron. Esto no era el principio y tampoco sería el final.

Decía Hanna Arendt en Los Orígenes del Totalitarismo: “el firme concepto jacobino de la nación fundamentado en los derechos humanos, esa concepción republicana de la vida comunitaria es el que afirma, en palabras de Clemenceau, que infringiendo los derechos de uno se infringen los derechos de todos.”
En consecuencia, estas reflexiones, que aquí hago, deben considerarse casi como un ineludible alegato en defensa propia. No callo y me levanto porque no quiero llegar al fin de mis días y responder como Clemenceau: ”¿Esperanza? ¡Imposible! ¿Cómo puedo esperar algo cuando ya no tengo fe en lo que me alzó, es decir, en la democracia.”

sábado, 5 de enero de 2008

REINAS

  • Escrito por MRF, en la ciudad de La Plata, el 5 de enero de 2008, dia de Reyes





El periodista comenzó a gritarle a Doña Sofía, quien contemplaba el hielo azul del glaciar: ¡Reina, Reina, por favor, unas palabras!, rogó. Cristina dio media vuelta y preguntó:”¿Cuál reina, cuál de las dos?




En el mismo año en que, en Filadelfia, se firmaba la Declaración de la Independencia el rey Carlos III creaba el Virreinato del río de la Plata. Aquella, se dijo, fue una decisión provisoria, tomada para enfrentar los peligros que amenazaban la frontera austral del imperio español. Naturalmente, la creación se hizo definitiva al año siguiente, para gran fastidio, sin duda, del Virrey del Perú quien veía mermar los negocios limeños por la competencia platense.

En realidad, lo interesante de esta historia es -sin ánimo de exagerar- que si Don Carlos no hubiese tenido aquella peregrina idea, tal vez, la Argentina no hubiera sido. O quizás Buenos Aires habría sido una ciudad de algún otro país. El caso es que, además, empezamos a ser siendo un virreinato. Un lugar gobernado por un virrey, alguien que hace las veces de rey, sin serlo. Nacimos siendo un casi reino.

El movimiento de Mayo se desarrolló a la luz de la revolucionaria Francia, favorecido por la expansión napoleónica que destronara a Fernando VII. En esos días la independencia en la América hispana parecía estar ligada al nacimiento de repúblicas de inspiración jacobina. Sin embargo, unos pocos años más tarde las cosas habrían cambiado y, al momento del Congreso de Tucumán el mundo era, sin dudas, muy diferente.

Pocos días antes del 9 de julio de 1816, en una reunión secreta, Belgrano explicaba a los congresales la nueva situación y sugería la necesidad de adoptar una monarquía atemperada como la británica. Por cierto, no estaba solo.

No parecía fácil, en aquellos tiempos, encontrar un buen candidato a rey. Había varios inconvenientes, pero el gran escollo se hallaba en que, de acuerdo con las costumbres de la época, el futuro rey debería poseer sangre azul. Es obvio que ésta no abundaba en tierra de conquistadores plebeyos. De manera tal que, los posibles candidatos, no podían sino buscarse entre los miembros de alguna de las familias de la nobleza europea. Cabe recordar, por cierto, que no faltaron congresales que se inclinaran por la entronización de un descendiente de la monarquía incaica. El caso es que, entre idas y venidas, nuestra posibilidad de ser un reino independiente se frustró; aunque las causas no estuvieran, ciertamente, en una mayoritaria devoción republicana.

Una vez derrotados los españoles, nos afanamos en rencillas internas. Infinitas batallas terminadas con el inefable llamado a degüello. Una tras otra hasta obtener la restauración, la entronización de una monarquía a la criolla. Naturalmente, lejos de la monarquía parlamentaria que sugiriera el creador de la bandera. Pero bien, peor es nada.

Después del 53, con una constitución republicana, parecía que habíamos abandonado el sueño de ser súbditos de algún rey. No obstante, en 1860 se presentará una nueva oportunidad cuando Orélie Antoine I funda el Reino de la Araucaria y declara la anexión de la patagonia. Desafortunadamente el gobierno chileno, de aquel entonces, acabará pronto con el sueño real patagónico.

Aunque durante 60 años pareció que construíamos una república, a partir del 30 no dejamos de tener periódicos episodios monárquicos donde los pretendidos monarcas, a falta de alcurnia, exhibían sus galones como singulares antecedentes. Todo ello bajo la particular influencia de la Europa ancestral donde brillaran el Duce y el Führer del tercer Imperio con una luz tan fuerte que sus émulos se encontraban por doquier. Obviamente, tales monarquías sin nobleza no pudieron ser más que dictaduras de variado salvajismo.

¿Y después….? ¡Otra vez a las andadas! La última monarquía de jinetas, a fuerza de brutalidad, nos empujó hacia la república perdida. Esta nos duró algo más de tres lustros. ¡Una eternidad! Aunque no faltaron intentos de califatos, sultanatos o emiratos, reformas constitucionales mediante.

Pero, finalmente nos cansamos y salimos a las calles a exigir que se fueran todos. ¡Estábamos hartos de tanto liberalismo republicano! ¡Aquí hacía falta mano dura, monarquía!

Afortunadamente, los galones devaluados por la guerra perdida ante la monarquía británica ya no tenían su tradicional atractivo. Sin embargo, no quedamos desamparados. Allí estaban barones urbanos y marqueses provincianos, afanosos por reinar. El resultado final fue, curiosamente, la reivindicación de Antoine I, el regreso del Rey de la Patagonia. ¡Gracias a Dios!

Elegida por su esposo, quién decide abdicar, y legitimada por el voto de su pueblo asume el poder. Para ella, “la política no es una actividad social, ni un hobby o una profesión, es su forma de vida. La lucha política es la lucha por el poder”.Y allí estaba, investida, luciendo los símbolos del poder, radiante, enfundada en un traje blanco de princesa, dirigiendo a las cortes el discurso inaugural.

Tiempo atrás, feliz, confesaba a su biógrafa: “Una vez, Acevedo (quien fuera gobernador de Santa Cruz) me dijo que tenía nombre de reina”. Lo hacía sin aclarar, por cierto, si se trataba de Cristina o de su segundo nombre. Es probable que el ex-gobernador se refiriera a este último, Elizabeth, el cual fuera prolijamente omitido durante la ceremonia de coronación.

En realidad, nacida en 1953, la inscribieron como Elisabet porque en aquellos tiempos no era posible poner a los niños argentinos nombres “extranjeros”.

Como hemos visto, nuestra majestad ha renegado de su nombre Elizabeth. Tal vez, sea porque éste ha sido el nombre de la reina británica que derrotó a la Armada Invencible (Elizabeth I) o porque así se llama la reina actual con quién disputamos las islas del sur (Elizabeth II). Tal vez, porque ambas soberanas británicas fueron protestantes (La primera fue excomulgada por su lucha contra el catolicismo). O quizás fuera porque Elisabet es Isabel, y no ha querido que la atosigaran con comparaciones. O tal vez, para no ser confundida con la Elisa republicana, cuyo nombre es también una variante del nombre bíblico.

¿Olvidó, acaso, que Elizabeth fue la madre del Bautista, prima de María? ¿Cómo podría, Cristina Elisabet, egresada del Misericordia y simpatizante del equipo de rugby del San Luis, olvidarlo? ¿Cómo olvidar a Isabel, la católica, victoriosa ante los moros y precursora de las colonias en América?

No era un mal nombre para una reina sudamericana: ¡Elizabeth de Toulouse! Pero, en fin, después de todo, Cristina también es nombre real.

En el otoño de 1632, el ejército Sueco y el católico se encuentran en los llanos de Sajonia, en la sangrienta batalla de Lützen, que finaliza con la victoria de los suecos, y termina con la vida su rey, Gustavo II Adolfo.

La única heredera, Cristina, se convierte en reina de Suecia. Era entonces una niña que aún no cumplía 6 años. Incapacitada para gobernar, su tutor y canciller, asume la regencia. Cristina es, finalmente, coronada el 17 de octubre de 1650 en Estocolmo sólo para abdicar en 1654.

Curiosas coincidencias. Aquella Cristina inicia su reinado con un Regente, la nuestra también. Aquella es coronada un 17 de octubre, para la nuestra la fecha es parte de la liturgia oficial. Aquella abdicó después de cuatro años para dedicarse a su vocación, la nuestra ¿abdicará dentro de cuatro años para que el Regente sea otra vez rey?

A Cristina de Suecia se la conoció como la Minerva del norte, mecenas del arte. René Descartes, vivió unos meses en su corte. La nuestra recibe a Antonio Banderas y otros artistas de época……Para empezar no está tan mal. No hay que olvidar, tampoco, que algún filósofo porteño y hegeliano, ha dicho de su majestad, en referencia a su habilidad para discursear sin papeles: “Usar la palabra es usar la inteligencia. Cristina no leyó. Miró a todos, a todos, todos los que estaban en la sala del Congreso (Las Cortes, corrijo) y empezó hablar con una seguridad apabullante”. A pesar de su condescendencia, el filósofo ha dejado de visitar el palacio en una muestra de juiciosa prudencia. Recordemos que Descartes, cuatro meses después de instalarse en la corte de Estocolmo, enfermó y murió en el invierno de 1550. Neumonía diagnosticaron, aunque no falta quién afirme que habría sido envenenado. De todas formas los intelectuales cortesanos deberían tomar cuenta del precio que puede pagarse por la conmovedora adicción al poder absoluto.

El nuestro ha sido un camino de regreso. El de ida fue el de las monarquías europeas evolucionando desde el absolutismo hacia el parlamentarismo, hasta el presente donde el rey reina pero no gobierna. O disolviéndose definitivamente en democracias republicanas. El nuestro ha sido un viaje hacia el pasado, una búsqueda freudiana de la causa liminal del trauma. No un viaje a través del tiempo, como imaginara Wells, sino una degradación progresiva de la libertad, de la democracia y especialmente de la república, hasta llegar a un pasado-presente con cortes y sin parlamento, con jueces y sin justicia, con leyes y sin ley, sin paz y sin gloria, sin respeto y sin amor.

¿Y nuestros soberanos? fijan el precio del pan para calmar a los menesterosos, como lo hiciera Luis XVI antes de la toma de la Bastilla. Pero, ¿hay esperanzas? Éste no es el Antiguo Régimen, huele a viejo pero es nuevo. Un régimen sostenido por adláteres y cortesanos versallescos, por cronistas incapacitados para denunciar robos para la corona o exacciones protegidas por la amplia sombra del reino. Hoy, tan cerca del poder, no pueden ver. En fin, un régimen sostenido por intelectuales que celebran un socialismo del siglo XXI que, bajo la mirada de un viejo caminante de la modernidad, se parece demasiado al mohoso fascismo del siglo XX.

Elizabeth I, la reina virgen, despreciada por su padre, Enrique VIII, con su madre muerta a manos de su esposo, criada por otros, fue una gran reina. Cristina de Suecia, sin padre y despreciada por su madre, apenas si pudo con su reino. ¿Qué hará nuestra reina?

Por cierto, hay reinas románticamente rescatadas como Boudicca, quién, bajo el manto azul de los icenos, lideró la rebelión celta contra los romanos en Britania. Tácito la recuerda alta y pelirroja y Deary pone en su boca: “No lucho por mi poder, sino que lucho en nombre de la libertad perdida y de mi cuerpo ultrajado”. En su carro de guerra, con sus caballos alzando sus manos, Boudicca, con mirada de bronce, contempla el símbolo de la república, el parlamento.

Hay, también, reinas olvidadas como Nefertiti, castigada por su herejía monoteísta. Y hay reinas inolvidables como la de Corazones, del País de las Maravillas.

Sin embargo, hubo una reina, hasta hoy poco conocida, que vale la pena recordar. En realidad, Grace O´Malley fue Chieftain de un clan irlandés, capitana de una flota de barcos. Sus dominios se encontraban en la bahía Clew sobre la costa noroeste de Irlanda. Allí reinaba, asaltaba barcos que atravesaban la bahía, y guerreaba contra los ingleses. Finalmente después de muchas vicisitudes hubo una memorable reunión donde se ganó el respeto de Elizabeth I.

Granuaille fue una Chieftain reverenciada y honrada por su gente y recordada por ello. Anne Chambers la inmortalizó en su libro “Granuaille: Grace O´Malley la Reina Pirata de Irlanda, historia que hoy resuena en las marquesinas de Broadway.

En un reino de millones y testigos desaparecidos. De facturas falsas y trabajo clandestino, de fracasados héroes de pie plano, de nepotismo, de dádivas y sobornos, de bandas y mafiosos reinar es, quién puede dudarlo, una proeza. Tal vez, como Granuaille nuestra reina será largamente recordada.

¡God save the Queen!



martes, 18 de septiembre de 2007

EL RIESGO AMBIENTAL EN LA PRODUCCION DE CELULOSA

Escrito por MRF en abril de 2007, en la ciudad de La Plata.

Este articulo ha sido publicado en el número 356 de Industria & Química, publicación de la Asociación Química Argentina.





“Et tanto quis doctior erit, quanto se sciverit magis ignorantem”
De docta ignorantia
Nicolas de Cusa, 1440.

IntroducciónDesde mediados de la década del 80, los movimientos sociales ambientalistas han tenido, en los países de la OECD[1], una profunda influencia sobre la industria de la producción de celulosa y papel[2]. Tanto es así, que se puede afirmar que no ha habido otra industria tan profundamente afectada, en tan corto tiempo y en tan amplia escala geográfica. En unos pocos años, el “estado del arte” en la producción de celulosa ha convertido a esta industria en una actividad mucho más amigable con el ambiente. Los productores alrededor del mundo han invertido billones de dólares en la adopción de nuevas tecnologías, en la modificación de algunas viejas y en el desarrollo de innovaciones locales, con el propósito de responder a las crecientes demandas ambientales, a las expectativas ciudadanas y a las regulaciones gubernamentales. Adicionalmente, millones de dólares se han destinado a la investigación y el desarrollo de nuevos procesos y tecnologías para la industria[3].
La producción de celulosa se incrementa desde hace años en respuesta a una demanda en aumento, impulsada por el crecimiento sostenido de la economía mundial. A los grandes productores de pasta (USA, Canadá, Finlandia, Suecia) se han ido sumando países como Brasil, Chile, Nueva Zelandia y Australia. La Argentina y Uruguay son potenciales nuevos participantes de esta industria en expansión. Sin embargo, el conflicto generado por la instalación de la planta en Fray Bentos pone en riesgo las importantes inversiones que podrían realizarse en la región y perjudica, en el caso argentino, el desarrollo de provincias forestales como Corrientes, Misiones y Entre Ríos.
El autor de este trabajo no está vinculado, en ninguna forma, con la industria forestal. No obstante, ha creído necesario escribir este nuevo trabajo de divulgación[4] con el propósito de ayudar al conocimiento de algunos aspectos técnicos de la producción de celulosa, muy meneados como posibles causantes de daños a la salud de las personas o del deterioro del ecosistema del río Uruguay.
Dados el desconocimiento o la superficialidad conque la química de los procesos de pulpado y blanqueado, llevados a cabo en las plantas de última generación, ha sido tratada y de cómo las posibles consecuencias ambientales han sido distorsionadas, se expone aquí la información disponible sobre los aspectos más relevantes, en la forma más detallada posible, pero sin abandonar el objetivo de divulgación del presente artículo. No obstante, si el lector estuviera interesado en otros aspectos no tratados aquí, puede recurrir a la abundante bibliografía existente.

EL PROCESO DE PULPADOLos procesos para convertir la madera en pulpa se pueden dividir en tres categorías: mecánicos, semi-químicos y químicos. El proceso de pulpado kraft (sulfato)[5] forma parte de los últimos. En este caso la digestión de los chips de madera se hace en un licor blanco que contiene agua, HONa (soda cáustica) y Na2S (sulfuro de sodio). Las fibras son “cocidas”, durante 1 a 3 horas, a una temperatura de alrededor de 170 0C. Luego la pulpa (celulosa y lignina) se separa del licor negro (llamado así por el color que adquiere la solución durante la cocción), se lava y posteriormente se procede al blanqueado.
El licor negro se mezcla con el agua de lavado (constituyendo el licor negro débil) y luego se somete a evaporación en varias etapas, llevándolo desde un contenido de 20% de materia sólida seca (los reactivos usados, la materia orgánica proveniente de la madera que no se fue con la pasta) hasta un contenido de 75% de materia sólida seca[6]. El licor negro concentrado se quema en una caldera de recuperación (con la combustión de las sustancias orgánicas se produce calor y energía eléctrica). Ver figura 1.
Figura 1

En el fondo de la caldera de recuperación quedan sólidos fundidos que se redisuelven y forman el licor verde. Posteriormente, se agrega CaO, separando el CaCO3 precipitado del sobrenadante. Este licor blanco contiene HONa y Na2S disueltos, que se recuperan para su uso en la cocción.
Como se ve, una gran parte de la materia orgánica proveniente de la madera es retenida en la filtración del licor negro o eliminada, por combustión, en la caldera de recuperación.
Todos los compuestos volátiles (el sulfuro de hidrógeno (H2S), el metil mercaptan (CH3SH) y los sulfuros de metilo (CH3)2S y ((CH3)2S2), cuando la concentración es alta, son colectados y quemados con aire caliente (oxidación). Para retener volátiles de baja concentración se utilizan adsorbedores de carbón activado. Los gases oxidados (SO2) son retenidos en, “scrubbers”, lavadores de gases. Todas las partículas (cenizas, polvos de Na2SO4 y Na2CO3) son atrapados en precipitadores electrostáticos[7].
Por otra parte, los líquidos sobrantes, en las etapas mencionadas en los párrafos precedentes, son derivados hacia el sistema de tratamiento de efluentes líquidos que describiremos más adelante.

PROCESO DE BLANQUEADO
La pasta obtenida durante el pulpado está formada fundamentalmente por celulosa, hemicelulosa y lignina. Es este último polímero el que da a la pasta el color pardo típico. Con esta pulpa se fabrica, por ejemplo, cartón corrugado y papeles color “madera”. La lignina no sólo provee los cromóforos que dan color al producto sino que disminuye la calidad del papel y otros productos fabricados con celulosa (pañales, tampones, etc).
El proceso de blanqueado consiste en la eliminación de la hemicelulosa y en la más profunda deslignificación, produciendo el mínimo daño físico a la fibra de celulosa. No destruir la fibra es muy importante porque el mejor papel se produce con fibras largas y del más alto brillo.
El cloro gaseoso (Cl2) ha sido tradicionalmente usado como agente blanqueador por sus propiedades electrofílicas y su poder oxidante. Desafortunadamente, tales características tienen efectos adversos en el ambiente[8].
En la figura 2 se muestra la estructura de la lignina. Esta es un polímero de estructura no definida que contiene diversos grupos cromóforos. De allí proviene el color café de la pasta no blanqueada.
Figura 2

LIGNINA

Durante el proceso de blanqueado, con Cl2 gaseoso, se producen compuestos orgánicos clorados, entre ellos dioxinas y furanos policlorados. El principal mecanismo de formación de los 2,3,7,8-TCDD/F es la substitución electrófílica aromática de las moléculas precursoras, dibenzo-p-dioxina (DBD) y dibenzofurano (DBF). Es decir algunos átomos de hidrógeno del anillo son reemplazados por átomos de cloro.
Figura 3


2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina

Esos precursores pueden estar en la madera o ser introducidos en la pulpa sin blanquear por fuentes extrañas como los antiespumantes[9].
En el esquema 1 puede verse el mecanismo de acción del cloro elemental sobre la lignina.
Esquema 1




Uno de los cambios más importantes introducidos en el proceso de blanqueado[10] de la celulosa fue la substitución del Cl2 por ClO2 (dióxido de cloro). Tal modificación fue esencial en la reducción de la cantidad y en el tipo de organoclorados formados y produjo la desaparición de dioxinas y furanos tetraclorados de los efluentes[11].
El ClO2 es usado como agente blanqueador para textiles, harinas, cueros, aceites, cera de abeja y, desde luego, celulosa. Aunque, también se utiliza en la purificación del agua (en reemplazo del Cl2) y como bactericida y antiséptico.
El dióxido de cloro en fase gaseosa, existe en dos formas isoméricas[12]:

O-Cl-O = Cl-O-O Calor de Reacción = -3 kcal/mol

El ClO2 es 10 veces más soluble que el Cl2 en agua. A pesar de que el gas a presiones altas es inestable, sus soluciones son estables por varios días. Es una especie radical (tiene un electrón desapareado) cuya única forma detectada en agua es el O-Cl-O. Sin embargo, irradiándolo con luz de longitud de onda de entre 230 y 440 nm, el 90% se disocia en ClO + O (la mayor parte recombina regenerando O-Cl-O). Mientras tanto, el otro 10% isomeriza durante la fotólisis para generar el peróxido Cl-O-O, el cual rápidamente descompone para dar Cl y O2.
El manejo del ClO2 a presiones parciales de 50 Torr (1Torr = 1 mmHg) en mezclas con aire es completamente seguro[13]. Su producción industrial se basa en el proceso denominado R2 que consiste en la reducción del Na2ClO3 por NaCl en soluciones de H2SO4. No obstante, para minimizar riesgos de transporte, se produce in situ. A pesar de su potencial peligrosidad[14], la exposición de los operarios (u otras personas) a su contacto, en las plantas de celulosa modernas, es improbable[15].
En el siguiente esquema 2[16] se describen las reacciones químicas inorgánicas más importantes del sistema con dióxido de cloro. En él se aprecia la importancia que, la concentración y el pH, tienen en la creación de las mejores condiciones experimentales, para lograr la mayor eficiencia de blanqueado (oxidación de la liginina) y la mínima generación de especies clorantes.
Esquema 2

Como se observa en el esquema 2, la oxidación de la lignina, que se inicia por los grupos fenólicos, ocurre en la etapa 1 donde el dióxido de cloro se reduce a clorito. Además, a través de la reacción 11, el clorito es re-oxidado a dióxido. Por otra parte, el ión cloruro que surge, también en la reacción 11, es una indicación de que el ácido hipocloroso formado (reacción1) no reaccionó con un compuesto orgánico para producir clorados. En estás condiciones experimentales, pH ~ 3.4, se logra la total utilización del poder oxidante del sistema y la menor producción de clorados. Esto último se debe a que la concentración de Cl2 resulta despreciable y a que el único camino de cloración posible, a partir del ácido hipocloroso, es la siguiente[17] reacción de adición a los dobles enlaces no aromáticos:

>C=C< + HClO = clorhidrinas

Las clorohidrinas se hidrolizan[18] durante el mismo proceso de blanqueado o en etapas posteriores (tratamiento de efluentes) no constituyendo, en consecuencia, riesgo alguno.
. En la revisión realizada en el año 1997, Solomon et al (ref.9, b) presentaban entre sus mayores conclusiones que, la sustitución del Cl2 por ClO2, en el proceso de blanqueado, hacía que la mayor parte de los AOX (órgano clorados absorbibles) formados fueran solubles en agua, de baja lipofilicidad, y tuvieran una pequeña tendencia (o ninguna) a la bioacumulación. Como hemos visto en párrafos anteriores, la baja concentración de las especies clorantes es decisiva para la no formación de policlorados. Por lo tanto, la reducción de la cantidad de ClO2 utilizado es, obviamente, un factor clave para asegurarse que no se generarán tales compuestos. En efecto, el método presente de blanqueado, eliminó la presencia de dioxinas y furanos tetraclorados de los efluentes (ver ref.9 y trabajos alli citados).
Otra innovación significativa fue la introducción, antes de ingresar a la secuencia de blanqueado, de una etapa de pre-deslignificación con O2, la cual reduce la cantidad de lignina y, consecuentemente, la cantidad de dióxido de cloro requerido en las etapas posteriores.
El proceso de blanqueado que se utiliza, en la actualidad, se denomina ECF-light porque se realiza en varias etapas, en las cuales se usan diferentes reactivos, que conducen a un menor consumo de dióxido de cloro.
Figura 4



La secuencia básica de blanqueo se inicia con una etapa A consistente en una extracción ácida, donde se remueven metales de transición y/o HexA (ácido hexanurónico). Este último constituye una gran parte de los materiales residuales del pulpado (ref. 6). Las pulpas de Eucalipto pueden contener altas cantidades de HexA que consumen dióxido de cloro. En la siguiente etapa D se blanquea con ClO2 en medio ácido (55 -75 0C). Luego el tratamiento continúa con la etapa Eop. Esta es una extracción en la que se emplea NaOH y se añaden O2 y peróxido de hidrógeno (H2O2). A continuación se repite la etapa D (60-85 0C) y finalmente, en el paso P, se procede a un tratamiento con H2O2. Con este procedimiento se obtiene una pulpa de alta calidad, pero lo que resulta más importante es que el consumo de ClO2 es de 8 kg/Ton(ADP) [ADP = air dried pulp], cuando en el antiguo proceso de blanqueado con Cl2 se invertían ¡80 kg/Ton(ADP)![19]
El ajuste del pH se hace con NaOH y/o H2SO4. Prácticamente, el 100% del Na2SO4 formado se recupera y los efluentes, libres del mismo y neutralizados, se conducen a la planta de tratamiento de líquidos.
La secuencia de blanqueado es flexible y puede ser modificada, según el tipo de madera que se esté procesando, para obtener los mejores resultados.
En conclusión el método ECF-light asegura una muy drástica disminución de la concentración de las especies clorantes y la consecuente desaparición, de los efluentes , de especies policloradas. Podemos agregar que, en experimentos realizados agregando dioxinas y furanos a pasta sin blanquear, se comprobó que éstos eran destruidos durante el tratamiento con ClO2[20].

ORGANOCLORADOS NATURALES[21]
Varios miles de compuestos halogenados han sido identificados en ambientes naturales originados en síntesis realizadas por plantas terrestres, organismos marinos, bacterias, insectos, hongos y mamíferos. Además, procesos abióticos como volcanes activos, incendios forestales, reacciones químicas en la atmosfera, etc, también contribuyen a la formación de compuestos organoclorados dentro de la bioesfera.
El rango de sustancias cloradas naturales incluye desde simples alcanos como ClCH3 hasta alcoholes halogenados, cetonas, ácidos carboxílicos, amidas carboxílicas, aldehidos, epóxidos y alkenos. Muchas de las sustancias producidas en el blanqueado ECF son también formadas por la naturaleza (isómeros cloro fenólicos). Se ha demostrado que (ver ref.17) el 2,4,6-trichlorophenol[22] y su análogo metilado se forman, por acción microbiana, en las aguas ricas en humus.
La síntesis de compuestos halogenados, en presencia de los iones cloruro, bromuro o ioduro, por parte de organismos marinos, plantas terrestres, hongos, bacterias y mamíferos requiere de enzimas halo-peroxidasas. Interesantemente, los glóbulos blancos humanos contienen mielo-peroxidasa. Ésta, en presencia de cloruro, u otros iones de halógenos, y de H2O2 , rápidamente produce formas reactivas halogenadas que destruyen microorganismos invasores.
Un ejemplo de la formación natural de especies, persistentes y bioacumulables, de halogenados lo da la conversión enzimática de clorofenoles en PCDDs y PCDFs por la acción de la enzima peróxidasa (HRP) del horse-raddish (rábano rústico o Armoracia rusticana)(ver ref.17).
Una consecuencia natural, muy importante, de la formación biológica de compuestos orgánicos clorados es que deben existir, también, caminos para la biodegradación que han sido seleccionados y han evolucionado a través de muchos eones. Se sabe que el di y el tri-cloro-metano son degradados en aguas y suelos, que ciertos hongos degradan los cloro-fenoles y que AOX naturales o similares provenientes de una pastera ECF son foto-mineralizados en las aguas de algunos lagos[23].
En conclusión, muchos compuestos clorados son sintetizados y degradados en el ambiente por procesos naturales químicos y biológicos. Esta producción natural varía dependiendo del lugar geográfico. Además, hay organismos que han evolucionado en ambientes con importantes concentraciones “background” de órgano-clorados naturales. Muchos compuestos idénticos o similares a aquellos formados durante el blanqueado ECF son producidos en procesos naturales. Hay evidencia de que existen organismos que poseen mecanismos para una efectiva destrucción de sustancias cloradas. Por lo tanto, los compuestos clorados formados durante el blanqueado ECF no son resistentes a la descomposición en el ambiente o a la biodegradación. Los AOX provenientes de una pastera ECF pueden ser, finalmente, mineralizados fotoquímica y biológicamente, generando cloruro y CO2.
Se ha mencionado[24] la presencia de la 3-cloro-4(diclometil-5-hidroxi-2(5H)furanona (mutagen X o MX) en los efluentes de plantas ECF. Una sustancia que, los estudios de laboratorio con ratones y bacterias, han ubicado entre las condenadas por su capacidad mutagénica y genotóxica. En la lista que dicen haber consultado (en la ref.9b de este trabajo) no existe tal sustancia. Se encuentran, en cambio, otro par de furanonas que no poseen ese currículo. Sin embargo, si en aquel entonces -10 años atrás- aquella formaba parte de los efluentes hoy no lo hace. Es posible que el ECF-light no la genere o que se hidrolice (sustitución nucleofílica) en las etapas alcalinas. En rigor de verdad, el MX se ha detectado en el agua corriente tratada con ClB2B gaseoso y la concentración que dan en la ref.25 puede haber sido tomada de algún trabajo sobre el tema[25]. Diversas plantas y algas secretan furanonas halogenadas que interfieren la comunicación entre bacterias (quorum sensing process)[26], sustancias similares a las detectadas en algunos efluentes ECF. Es útil recordar aquí, que el tratamiento de efluentes cloacales tiene una etapa donde se utiliza Cl2 gaseoso y donde, seguramente, la formación de clorados es muy importante[27].
En el mismo trabajo se recuerda que durante el blanqueo se produce ClO3- (esquema 2) y se da por sentado que afectará el ambiente por sus acciones “herbicidas y formación de algas” (ver ref.24). En realidad, el ClO3- puede, en ciertos ambientes marinos, causar algunos efectos adversos sobre determinadas algas pardas[28], particularmente sensibles.
El clorato, si es ingerido en cantidades importantes, tiene efectos tóxicos[29] relevantes. No obstante, ha sido usado largamente en medicina como antiséptico y bactericida (difteria, faringitis, etc.) y en otras aplicaciones. Además, con él se trata el ganado bovino y porcino administrándole soluciones de clorato, por vía oral, para combatir la Eschierichia coli[30].
Es sabido que las especies ClO2, ClO2- y ClO3- se encuentran todas presentes en el agua para beber que ha sido tratada con Cl2. Sin embargo, el clorato no es detectado en los efluentes tratados provenientes de una “pastera” moderna. Esto se debe a la reducción biológica y/o química que convierte al ClO3- en Cl- , que se produce en la etapa secundaria del tratamiento (ver figura 4).

Recuerdo que -aún no terminábamos la primaria- acostumbrábamos a comprar, en la farmacia del barrio, comprimidos de clorato de potasio - venían dentro de una cajita redonda de aluminio- y una barrita de azufre. Molíamos ambas sustancias cuidadosa y separadamente. Una vez terminada esa tarea, las mezclábamos con ceremoniosa precaución.
Habíamos fabricado así nuestra propia pirotecnia. La mezcla explotaba por percusión.
Creo que la receta provenía de la tradición oral, frecuente en aquellos años sin Internet
.

TRATAMIENTO DE EFLUENTES LÍQUIDOS
Usualmente, los detractores de la industria de celulosa utilizan información des-actualizada (ref.24) o muy incompleta. Entre los aspectos fundamentales que, deliberadamente, suelen ignorarse se encuentran los sistemas, que las plantas poseen, para evitar la liberación (o disminución de la emisión a mínimos aceptables) al ambiente de algunas sustancias gaseosas, para recuperar gran parte de los reactivos químicos usados, para la disposición de residuos sólidos y para el tratamiento de los efluentes líquidos.
Nos concentraremos en el tratamiento de los efluentes que se vierten al río que es el tema central de este trabajo. No obstante, lo que sigue es una apretada síntesis. El lector interesado en una descripción más detallada puede consultar la bibliografía citada, en particular los estudios de impactos acumulativos (ref.7 y ref.31b).
El establecimiento destinado a la producción de celulosa que funcionará en Fray Bentos, poseerá una planta de tratamiento de efluentes[31] como la que se esquematiza en la figura 5. En ella se usará un proceso de tratamiento con lodos activados (AST) que consistirá de dos líneas paralelas, con tanque de aireación y clarificador secundario en cada una.
La planta de tratamiento de efluentes estará equipada, además, con un sistema de tres tanques de ecualización y seguridad. La temperatura de los efluentes al salir de estos tanques (50-60 0C) se irá reduciendo en una serie de torres de enfriamiento para llevarla a 30-370C. Además se ajusta el pH. Con lo cuál no se daña el lodo activado y los efluentes van al río neutralizados y a temperaturas adecuadas. Los tanques con lodos activados (Rotífera, Flagellata, Ciliata, Ameba, etc) contienen una zona anóxica (aquí se reduce el ClO3) y una etapa selectora. Finalmente, los efluentes se mezclan con agua del río antes del vertido para bajar la temperatura y minimizar diferencias de color entre los efluentes y el río mismo.
Figura 5


En este proceso se produce la remoción de hasta el 98% de la demanda biológica de oxígeno (DBO), de hasta el 80% de la demanda química de oxígeno (DQO) y la remoción de hasta el 65% de organoclorados (AOX). Por otra, parte la eficiencia en la remoción de los sólidos totales en suspensión (TSS) durante el tratamiento primario y secundario es de alrededor del 90%. Esto conduce a que los valores de esos parámetros estén todos por debajo de los límites de vertido definidos por las normas IPPC-BAT(2001) y las de Tasmania-AMT (2004).
Las conclusiones más importantes son las siguientes: a) los efluentes NO CONTENDRÁN DIOXINAS o FURANOS; b) los AOX producidos no son de alta toxicidad ,son degradables en el ambiente y no bioacumulables; c) los vertidos no contendrán cloratos.
Las conclusiones precedentes hacen injustificada la preocupación por el costo o la dificultad en la determinación de dioxinas (ref.24). Existen, por otra parte, protocolos internacionales sobre los procedimientos a seguir y un centenar de laboratorios en el mundo que los hacen.
A pesar de ello, vale la pena recordar que, actualmente, se están realizando los estudios de base (exigidos por la DINAMA uruguaya) entre los que se están midiendo dioxinas (~500 Euros cada análisis hecho en Finlandia). Además, el LATU (INTI uruguayo) se encuentra realizando el resto de los exámenes químicos en agua, en tanto que, el biólogo Jakka Tana (AF-Celpap) se encuentra a cargo de los estudios biológicos correspondientes.
Los resultados del Inventario 2001 de dioxinas y furanos[32] liberados por la industria -de todo tipo- en Argentina, hacen que la creación de un laboratorio en condiciones de efectuar tales estudios (nacional, binacional o MERCOSUR) sea una necesidad imprescindible para controlar tales emisiones. Por otra parte, existen un sin número de test biológicos que permiten evaluar la toxicidad de los efluentes[33].
Finalmente diremos que los monitoreos conjuntos no son una propuesta unilateral del Uruguay. Por el contrario, la Comisión Administradora del Rio Uruguay (CARU) estableció el Programa de Evaluación de Calidad de Aguas y Control de la Contaminación del Río Uruguay (PROCON)[34]. Este programa ha sido consecuencia del acuerdo, entre Argentina y Uruguay, establecido en el Acta Extraordinaria del 15 de mayo de 2004.

“Se ha dicho que el consentimiento de todos los hombres es una prueba de la verdad. ¡Vaya prueba! Todos los pueblos han creído en la magia, en la astrología, en los oráculos, en las influencias de la luna. Hubiera debido decirse, como mucho, que el consentimiento de todos los sabios era, no una prueba, sino una especie de probabilidad. Y aún así ¡vaya probabilidad! ¿Acaso todos los sabios no creían, antes de Copérnico, que la tierra estaba inmóvil en el centro del universo?
Françoise Marie Arouet ( Voltaire)


REFERENCIAS[1] Organization for Economic Co-operation and Development. Reune a los 30 países más desarrollados.
[2] Social Movements and Ecological Modernization: The Transformation of Pulp and Paper Manufacturing. David zzzA.Sonnenfeld. Development and Change [2002] 33, 1-27.
[3] Green and Competitive: Ending the Stalemate. M.E. Porter and K. van der Linde. Harvard Business Review [1995] Sep/Oct., 120-134.
[4] Desde enero de 2006 hasta el presente he escrito diversos trabajos de divulgación y artículos periodísticos sobre el conflicto por las plantas de celulosa de Fray Bentos. Han sido publicados en diversos medios gráficos y on-line. Se citan aquí sólo dos. M.Féliz, Industria & Quimica Mayo 2006 NP9P352 e Industria y Química, Agosto 2006 NP0P353. Otros pueden verse en http://personales.ciudad.com.ar/mfeliz/
[5] Review of New Source Performance Standards for Kraft Pulp Mills, EPA-450/3-83-017. [1983]
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[14] La empresa Alto Paran S.A (produce en Misiones 360 mil ton de pulpa) blanquea con ClOB2B y tiene su propia planta de generación. Celulosa Argentina, Cap.Bermúdez (SFé) está modificando sus procesos y la firma finlandesa KEMIRA se encuentra construyendo para CA una unidad de ClOB2B.
[15] Literature review of epidemiological studies on the health effects on workers in elemental chlorine free pulp mills and totally chlorine free pulp mills. Tim Driscoll, ELMATOM Pty Ltd, March 2005. Prepared for the Tasmanian Resource Planning and Development Commission.
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Ver tambien ref.7.
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g) A Survey of Natural Organohalogen Compounds; G.W.Gribble in “Mechanism of Biohalogenation an Dehalogenation”, North-Holland, Amsterdam, The Netherlands, 1997.
h) Para referencias anteriores a 1998, ver ref.9 b).
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[23]Tima, Sunlight and the Fate of biotreated kraft mill organchlorides in nature. Water Research, [1997]31, 85-94
[24]¿Las fábricas de celulosa son realmente una amenaza para el ecosistema del Río Urgugua?. L.R.R. Cafferata y J.A.Caram. Industria & Química[2006] 354, 8-12.
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[31] a) ver referencia 7 y referencia 9b
b) Informe Ambiental Resumen.C.Faroppa y K. Annala.
[32] Inventario Nacional de Liberaciones de Dioxinas y Furanos Argentina 2001. Ministerio de Salud , Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Dirección Nacional de Gestión Ambiental.
[33] a) A biological index to predict pulp mill pollution levels. Shannon M. Bard. Water Environment Research[1998]70(1), 106-122.
b) Efectos de los Efluentes en el Medio Acuático. Jakka Tana. Seminario Internacional.
[34] Comisión Administradora del Río Uruguay. Plan de Monitoreo de la Calidad Ambiental del Río Uruguay en Areas de Plantas Celulósicas. Recopilación: Ing.Walter Isabella.