miércoles, 11 de agosto de 2010

DE CRIMEA A GROENLANDIA

“Digo, pues, que ya habían los años de la fructífera Encarnación del Hijo de Dios llegado al número de mil trescientos cuarenta y ocho cuando a la egregia ciudad de Florencia, nobilísima entre todas las otras ciudades de Italia, llegó la mortífera peste que o por obra de los cuerpos superiores o por nuestras acciones inicuas fue enviada sobre los mortales por la justa ira de Dios para nuestra corrección que había comenzado algunos años antes en las partes orientales privándolas de gran cantidad de vivientes, y, continuándose sin descanso de un lugar en otro, se había extendido miserablemente a Occidente.”Decamerón, de Boccacio
Hacia el 1714 una expedición -mezcla de negocios y de misión religiosa- al mando de un misionero luterano noruego, recorre las costas de Groenlandia sin encontrar rastros de los colonos que se habían establecido a partir del asentamiento fundado en el 984 por Erick Thorvaldson, el rojo. Recientes estudios arqueológicos[1] y otros indicios históricos muestran que las colonias, que llegaron a tener hasta 5000 habitantes, comenzaron a declinar hacia mediados del siglo XIV.
La benignidad del clima por alrededor de cuatrocientos años, del período cálido medieval[2] , facilitó la navegación de los mares boreales y la vida de campesinos vikingos en los fiordos de la gran isla. Sin embargo, hacia el 1300 las temperaturas y la longitud de los veranos comienzan a disminuir iniciándose la pequeña edad de hielo y haciendo cada vez más difícil la sobrevivencia en esas regiones. No obstante, es posible que ésta no fuera la única causa de la misteriosa desaparición de los descendientes de Erick.

En el noreste de la provincia China de Hopei, en el año 1334, aparece una enfermedad nueva, muy virulenta y altamente infecciosa, que mata al 90% de la población de aquella ciudad. A partir de allí, los mongoles y las ratas negras, que los acompañaban en sus correrías, la dispersan por toda Asia.
Poco después, tribus tártaras, aliadas de los venecianos, sitian la ciudad de Kaffa en la península de Crimea, donde se asentaba una colonia genovesa. La peste afecta a los sitiadores y poco después se propaga entre los sitiados. Se cuenta que los tártaros catapultaban los cadáveres infectos hacia la ciudad.
Finalmente, en 1343, la flota genovesa abandona el sitio e inicia el regreso tocando -entre otros- el puerto de Constantinopla y llegando, finalmente, a Mesina (Sicilia) en 1347. Al llegar a este puerto buena parte de la tripulación había muerto. Se les impide desembarcar pero la peste[3] igual lo hace con las ratas que abandonan las naves. Desde aquí se esparce por Italia y pronto por toda Europa hasta Escandinavia.
Antiguos anales islandeses dan cuenta de que, en septiembre de 1349, un barco proveniente de Inglaterra arriba a la ciudad de Bergen, en Noruega. La peste negra ataca sin misericordia y acaba con más de la mitad de la población noruega. Poco después ataca Islandia, la tierra de donde había partido Erick, y termina con las relaciones comerciales y el aprovisionamiento lo cual, seguramente, contribuyó a sellar definitivamente la suerte de los habitantes vickingos de Groenlandia.

Aquella gran pandemia de peste bubónica no fue la primera ni sería la última puesto que “el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande morir en una ciudad dichosa.” [4]




Referencias:


[1] Arneborg, Jette, National Museum of Denmark.
[2] Fagan, Brian. La Pequeña Edad de Hielo, Ed.Gedisa.


[3] Esta epidemia fue de peste bubónica (peste negra) provocada por la bacteria Yersinia pestis, que enferma a las ratas. Las pulgas de estas la transmiten al hombre. Las ratas mueren, las pulgas las abandonan e infestan al hombre. La enfermedad, en alguna de sus formas, también se transmite entre humanos.


[4] Camus, Albert. La Peste, ed.Sur.S.A.

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