miércoles, 17 de octubre de 2012

1848


Después de haber rogado con votos y súplicas

al pueblo de los difuntos, tomé las reses, las degollé

encima del hoyo, corrió la negra sangre y al instante

se congregaron saliendo del Érebo, las almas de los fallecidos…

Homero. Evocaciòn de los muertos. Rapsodia XI. La Odisea.

Invocaciones espectrales
Los mitos nos introducen en un mundo que no puede ser “descripto”, sino únicamente “narrado”, por cuanto està constituido por la historia de acciones libremente emprendidas, de decisiones imprevisibles, de transformaciones fabulosas, debidas a los dioses. El mito se considera como una historia sagrada y, por tanto, una “historia verdadera”, puesto que se refiere siempre a realidades, como la cosmogonía, la creación de los astros o el origen de la muerte.[1] Sin embargo, los pueblos indígenas siempre han distinguido las verdaderas de las “falsas historias”, los cuentos sobre héroes o animales maravillosos.

En la actualidad cuando se habla de historia se suele retroceder a los tiempos del mito. Por cierto que una historia es un relato que puede ser verdadero o falso, con una base de “realidad histórica”, o meramente imaginario, puede ser un relato “histórico” o una fàbula.
Existen, pues, por lo menos dos historias: la de la memoria colectiva y la de los historiadores. La primera, esencialmente mìtica, deformada, anacrónica; es la vivencia de esa relación, siempre inconclusa, entre pasado y presente. Y luego, està el trabajo de los historiadores profesionales que debería corregir la historia tradicional falseada.[2] En otras palabras es preciso distinguir el relato histórico de la fàbula, la history de la story.

Si bien la imparcialidad le exige al historiador sòlo honestidad, la objetividad puede requerir algo màs. La memoria puede convertirse en un lugar de poder, que autorice manipulaciones conscientes o inconscientes, que obedezca a intereses intelectuales o colectivos; olvidando que la historia como todas las ciencias tiene como norma la verdad. Los abusos de la historia son, por lo tanto, responsabilidad del historiador cuando èl mismo se convierte en un partidario, un político o un lacayo del poder político.[3]

El primer revisionismo argentino, de una gran vocación conservadora, toma sus esquemas básicos de interpretación del pasado de la misma fuente a la que debe lo màs significativo de sus nociones políticas: el nacionalismo de Maurras[4] y sus aledaños en la derecha francesa. [5] Aparece en el momento en que se produce el golpe uriburista, en consonancia con los brotes fascistas en Alemania e Italia, y la reivindicación de Rosas coincide con su papel de ideólogos promotores del movimiento militar del 6 de septiembre de 1930.[6]

El aspecto central de su proyecto intelectual no es explorar la estructura y el ritmo de la historia argentina sino individualizar en una etapa de ella un modelo para el presente y el futuro. La exploración del pasado nace, entonces, como una tentativa de ofrecer el aval de la historia para la crìtica de la Argentina presente, y esa crìtica se organiza, principalmente, en torno al repudio de la democratización política. Ello los impulsa a mantener el motivo antidemocrático en el centro de su sistema de ideas, y coincidentemente impone un deslizamiento pronunciado, que ve en la democracia, en vez de una cierta manera de distribuir poder político dentro de una sociedad, un fenómeno ideológico.[7]

Nuevas invocaciones, a los habitantes del mundo de los no muertos, se observan en este tiempo. Tienen hoy el mismo objetivo que aquellas ceremonias del pasado: formar un ejército de fantasmas en defensa de la autocracia.

Cambio de clima
La primavera de 1847, ha sido benigna, agradable. Los porteños comentan sobre el cambio que se está produciendo en las estaciones. Afirman que los veranos eran decididamente mucho más calurosos, y los inviernos mucho mas frìos hace 20 años que en el presente; y como prueba reciente, que confirma aquella observación, se dice que durante el festival de la Feria de la Recoleta, que se realiza el 12 de octubre, antes todos se veían obligados a usar ropas livianas, a consecuencia del calor, pero esta vez, por cierto, no fue necesario[8].

Por entonces, durante cinco años, cayó tan poca lluvia que desapareció la vegetación y los mismos cardos dejaron de brotar. Efectivamente, hacia el final de la Gran Seca, el suelo había permanecido seco tanto tiempo que el polvo lo cubría todo. Los animales salvajes y el ganado murieron de a miles. Después de aquel período[9] sobrevino una estación muy lluviosa que trajo consigo vastas inundaciones. Millares de esqueletos quedaron sepultos bajo los sedimentos.[10]

El Matadero

Finalmente, comenzaron las lluvias. “Los caminos se anegaron; los pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida rebosaban en acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por el Riachuelo de Barracas y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el pie de las barrancas del Alto. El Plata, creciendo embravecido, empujó esas aguas que venían buscando cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras. La ciudad, circunvalada del norte al este por una cintura de agua y barro, y al sur por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la ventura algunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de los árboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas al horizonte como implorando misericordia al Altísimo. Parecía el amago de un nuevo diluvio. Los beatos y beatas gimoteaban haciendo novenarios y continuas plegarias. Los predicadores atronaban el templo y hacían crujir el púlpito a puñetazos. Es el día del juicio, decían, el fin del mundo está por venir. La còlera divina rebosando se derrama en inundación. ¡Ay de vosotros pecadores! ¡Ay de vosotros, unitarios impíos que os mofaís de la iglesia, de los santos, y no escucháis con veneración la palabra de los ungidos del Señor! ¡Ay de vosotros si no imploraís misericordia al pie de los altares! Llegará la hora tremenda del vano crujir de dientes y de las frenéticas imprecaciones. Vuestra impiedad, vuestras herejías, vuestras blasfemias, vuestros crímenes horrendos, han traído sobre nuestra tierra las plagas del Señor. La justicia de Dios de la Federación os declarará malditos.”[11]

Lecturas prohibidas
Corren ya los primeros días de diciembre. La joven se detiene un momento en el zaguán de su casa, embaldosado en damero con mármol blanco y negro, y se acomoda el enorme moño rojo que sujeta su cabello oscuro. En los tiempos que corren no se consiente el uso de gorras por ser moda antiamericana y las mujeres estàn obligadas a lucir sus bellas cabelleras a costa de usar el distintivo federal[12], aunque Camila[13] lo hace con la satisfacción de pertenecer a una familia de prosapia apostòlica[14].

En cuanto sale a la calle, vestida de raso con bandas verticales violetas y blancas, ve a su vecino sentado en una silla baja, de paja sin pintar, en mangas de camisa y con los calzones más arriba de las botas. Como siempre estaba acompañado por alguno de los suyos, con un mate en la mano izquierda y un cigarro en la derecha.[15] Era un hombre de poca estatura, retacòn, moreno, con poco pelo de barba, parecía una terracota etrusca.[16] El inofensivo aspecto de Salomòn contrasta con el papel que había representado hasta hace apenas un par de años, presidente de la Sociedad Popular Restauradora[17].
Camila saluda sin detenerse y después de algunos pasos alcanza la esquina de Corrientes y del Cerrito frente a la iglesia de San Nicolàs[18]. A pesar de las circunstancias, había confirmado que estaba encinta, se dirige como era su costumbre a recorrer las librerías de Ibarra, de la Merced o de la Independencia, en busca de algún libro o partitura. Segùn parece,[19] es dada a las lecturas que estimulan la ilusión hasta el devaneo pero que no instruyen la razón. Es posible que, aunque deseara cambiar sus preferencias, no le fuera posible hacerlo.

En el año de 1832, cuando aún se sentían los efectos de la seca, un comerciante francés introduce algunas obras de los mejores filósofos de Francia, tales como Voltaire, Diderot, Volney, Dupuis, Reynal, Courrier, etc, que eran lecturas prohibidas, por ser “contrarias a la religión y buenas costumbres”.
Se apoderan de todos los libros, encarcelan a los introductores y dictan una sentencia, digna de la Inquisición, por la cual se condena a todas las obras tomadas, a ser quemadas en la plaza pública -frente al Cabildo- mientras el verdugo leerà la sentencia en alta e inteligible voz… Un espectador de aquel episodio[20], recuerda que la condena fue ejecutada en presencia de la parte más culta de Buenos Aires, testigos mudos, estupefactos sin atreverse a mirarse unos a otros, se creían bajo el cuchillo de la Santa Inquisiciòn. ¿Acaso no fue aquello un acto de fé?

Primavera de los pueblos
Sarmiento –forzado residente chileno- durante su reciente periplo europeo había observado que: “Los gobiernos paternales de Europa estaban a la vista de desaparecer so pena de un conflicto.” Esta apreciación concuerda con la opinión de uno de los protagonistas de la política francesa quién, el mismo año en que el sanjuanino visitaba Parìs, escribía[21]: “Llegará un tiempo en que el país se encontrará dividido, de nuevo, en dos grandes partidos. La Revolución Francesa, que abolió todos los privilegios y destruyó todos los derechos exclusivos, ha dejado subsistir, sin embargo, uno: el de propiedad…”Muy pronto, la lucha política se entablará entre los que poseen y los que no poseen. El gran campo de batalla será la propiedad, y las principales cuestiones de la política girarán en torno a las modificaciones más o menos profundas que habrán de introducirse en el derecho de los propietarios. Entonces, volveremos a ver las grandes agitaciones pùblicas y los grandes partidos. ¿Cómo no entran por todos los ojos los signos precursores de ese porvenir?”

1848 Barricada en Paris


Unos meses màs tarde, a fines de enero de 1848, Tocqueville se dirige a la Cámara de los Diputados: “Se dice que no hay peligro, porque no hay agitación. Se dice que, como no hay desorden material en la superficie de la sociedad, las revoluciones están lejos de nosotros…Miren lo que pasa en el seno de esas clases obreras, que hoy –lo reconozco- están tranquilas… ¿No ven ustedes que, sus pasiones se han convertido, de políticas en sociales?... ¿Y no creen ustedes que, cuando tales opiniones echan raíces, cuando se extienden de una manera casi general, cuando penetran profundamente en las masas, tienen que traer, antes o después –yo no sé cuándo, yo no sé cómo-, pero tienen que traer, antes o después, las revoluciones más terribles?...
Creo que estamos durmiendo sobre un volcán… ¿No se dan cuenta que la tierra tiembla de nuevo en Europa? Se puede sentir en el aire…, el viento de la revolución”

Concediendo la razón a Tocqueville, algunos entusiastas partidarios de la revolución publican un manifiesto, en Londres, donde aseguran que: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.”[22]

Casi al mismo tiempo, que se publica el Manifiesto, el rey de Francia, Louis-Philippe de Orléans abdica, y la revolución se extiende por todo el continente como un bosque en llamas. Muchos exiliados regresan para sumarse a las luchas.
Uno de los héroes de la defensa de la Nueva Troya[23], decide ser parte del combate por la revolución en Italia. El gobierno de Montevideo había ofrecido tierras al reciente ascendido general Garibaldi, sin embargo, él y sus seguidores de la brigada italiana, rechazan el ofrecimiento y prefieren luchar en su patria enervados por el clima de revolución que cubre toda Europa.[24]

La caída de la monarquía en Francia llenó de esperanzas y temores el corazón de muchos. Fanny Lewald dejará constancia de esos sentimientos: “Una nueva era comienza. ¿Qué puede traerle a los franceses? ¿Nuevas batallas? ¿Muerte y guillotina? ¿Una breve época de paz y luego una nueva tiranía? No puedo creer eso…la guerra entre gentes civilizadas es el último vestigio de un brutal comportamiento criminal y debería desaparecer de la tierra. Creo en la humanidad, en el futuro, en la sobrevivencia de la Repùblica.”[25]

San Martín, en 1830, había dejado Bruselas huyendo de otra revolución; convirtiéndose, desde entonces, en vecino de Parìs.

Grand Bourg


Nuestro general era, en Europa, un americano destacado, al punto de que Louis Phillippe –el rey burgués- lo invita a las Tullerias (1837) y al homenaje en honor de Napolèon I, cuando sus restos son traídos desde Santa Elena (1840). Pero, hubo más. Efectivamente, cuando la caída de los borbones Louis Phillippe le ofrece el comando de las tropas, que apoyan la revuelta en Bélgica, aunque, el héroe de los Andes, no acepta por agradecimiento a la hospitalidad recibida del rey Guillermo I de los Países Bajos.

Cuando se produce la revolución de febrero de 1848, el viejo general, es testigo privilegiado de los acontecimientos que sacuden Parìs y los observa con aprensión: “Para evitar que mi familia volviese a presenciar las trágicas escenas que desde la revolución de febrero se han sucedido en Parìs, resolví transportarla a este punto (Boulogne sur Mer), y esperar en él, no el tèrmino de una revolución cuyas consecuencias y duración no hay precisión humana capaz de calcular sus resultados, no sòlo en Francia sino en el resto de la Europa; en consecuencia, mi resolución es ver si el gobierno que va a establecerse, según la nueva constitución de este país, ofrece algunas garantías de orden para regresar a mi retiro campestre (Grand Bourg), y en el caso contrario, es decir, el de una guerra civil (que es lo más probable) pasar a Inglaterra, y desde este punto tomar un partido definitivo.”

Enseguida hace una descripciòn de la situación social en Europa que, en cierto modo, sorprende. Escribe: “En cuanto a la situación de este viejo continente, es menester no hacerse la menor ilusión: la verdadera contienda que divide su población es puramente social, en una palabra, la del que nada tiene y trata de despojar al que posee; calcule lo que arroja de si un tal principio, infiltrado en la gran masa del bajo pueblo, por las predicaciones diarias de los clubes y la lectura de miles de panfletos, si a estas ideas se agrega la miseria espantosa de millones de proletarios, agravada con la paralización de la industria, el retiro de los capitales en vista de un porvenir incierto, la probabilidad de una guerra civil por el choque de las ideas y partidos, y, en conclusión, la de una bancarrota nacional visto el déficit de cerca de 400 millones este año, y otros tantos en el entrante. Este es el verdadero estado de la Francia y casi del resto de la Europa, con la excepción de Inglaterra, Rusia y Suecia, que hasta el día siguen manteniendo su orden interior.”[26] “ En una revolución -responde el Restaurador- en que como usted dice muy bien, la contienda que se debate es sòlo del que nada tiene contra el que posee bienes de fortuna, donde los clubs, las logias y todo lo que ellas saben crear de pernicioso y malo, tienen todo predominio, no es posible atinar que resultados traigan, y si la parte sensata y juiciosa triunfarà al fin de sus rapaces enemigos y cimentarà el orden en medio de tanto elemento de desorden”[27] No era mera complacencia con el Santo de la espada, era su intima convicción según se desprende de sus dichos de algunos años después: “Se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía a la que llaman libertad, invocando los derechos primordiales del hombre sin hacer caso al derecho de la sociedad a no ser ofendida. Si hay algo que necesita de dignidad, decencia y respeto es la libertad, porque la licencia está a un paso. Debe ser prohibido atacar el principio en que reposa el orden social.”[28]

Fuga y persecución
Camila y su amante –presbítero de Nuestra Señora del Socorro- a mediados de diciembre, huyen hacia el verano. Remontan el Paraná hasta instalarse en Goya. Mágicamente, el clima se funde con sus sentimientos. Corrientes los envuelve en sus espejismos, su pasado desaparece...[29]
Sólo un mes más tarde, Rozas se entera de la fuga. Los padres de la joven y algunos miembros del clero local los denuncian y reclaman castigo ejemplar. Entre ellos el Dean Felipe Elortondo y Palacio, cortesano de Palermo, quien cohabitaba con Pepita Gómez[30], a quièn en la ciudad apodaban “la canonesa” y que sería la amiga epistolar del “Farmer”[31] durante sus años de exilio.

Luciendo su uniforme y su gran sable, en el interior de su oficina, entre papeles, rechina sus dientes y escribe las òrdenes que ponen en movimiento a la policía. Hace fijar carteles en los sitios màs apartados y envíar los datos de filiación de los fugitivos a los gobiernos provinciales. Se los trata como reos criminales, para que en donde fuesen reconocidos, los prendan y remitan asegurados a Buenos Aires.

Desde la Montevideo sitiada, el hábil enemigo azuza –implacable- al Restaurador. Lo hace a través de las páginas del Comercio del Plata. No lo harà por mucho tiempo. El 7 de marzo, su efigie, es simbólicamente fusilada en el campamento de Oribe y el general oriental, Arturo Díaz, da a conocer una carta de Rosas donde aquel prometìa asesinar a Varela. Haya existido o no tal carta, lo cierto es que la noche del 20 de marzo, se cumple la sentencia. Un puñal, hecho con una hoja de espada (al uso mazorquero), atraviesa su torso y la sangre tibia fluyendo a borbotones a través de las dos bocas abiertas por el acero, se lleva la vida del “salvaje unitario”.[32] Mientras tanto, en la noche oscura de Buenos Aires sólo resuena la cantilena del sereno: ¡Viva la Santa Federación, mueran los salvajes unitarios! Las diez han dado y sereno.

Ecos de la revolución en Amèrica
A principios del 48, el Restaurador estaba en el apogeo de su poder. El país, por primera vez desde su emancipación de la corona de España, se encuentra unido y fuerte bajo la obediencia de un gobierno general y bajo la denominación de Confederaciòn Argentina”[33]. Efectivamente, Rozas ha despejado el suelo argentino de enemigos, no tiene rivales, todo se ha plegado, todo ha capitulado, ha sido exterminado, o anda fugitivo.[34] “Los hombres de la Sociedad Popular ya no se reúnen en aquellos conciliábulos infernales, apenas alumbrados por un candil criollo, cuyo tufo nauseabundo alteraba los nervios, en vez de aplacarlos, haciendo ver enemigos donde no había sino gente acoquinada, ni más ni menos como el medroso que ve fantasmas en la obscuridad.
Ya hay un poco mas de luz material y moral en Buenos Aires; ya el cansancio columbraba imaginariamente el reposo apetecido; ya muchos no murmuran el lasciate ogni speranza; ya se ven como resucitados algunos que vuelven.”

La sociedad ha sido dividida entre aquellos que mandan y aquellos que obedecen. El orden lo obsesiona, y la virtud que màs admira en una persona es la subordinación.[35] Para el Restaurador “el grito de Constituciòn, prescindiendo del estado del país, es una palabra hueca”, y agrega “el ideal de gobierno feliz es el autócrata paternal, inteligente, desinteresado e infatigable, enérgico y resuelto a hacer la felicidad de su pueblo”…Confiesa, además, sin empacho, que siempre ha admirado “a los dictadores autócratas que han sido los primeros servidores de su pueblo".[36]

Alberdi, no obstante, describe el régimen con claridad elocuente: “No hay Constituciòn escrita en la Repùblica Argentina; no hay ni leyes sueltas de carácter fundamental que la suplan. El ejercicio de las que hubo en Buenos Aires està suspendido, mientras el general Rozas es depositario indefinido de la suma del Poder público.

Este es el hecho. Aquí no hay calumnia, pasión ni espíritu de partido. Reconozco y acepto todo lo que el general Rozas quiera suponerse de notable y digno de respeto. Pero es un dictador, un jefe investido de poderes despóticos y arbitrarios, cuyo ejercicio no reconoce contrapeso. Este es el hecho. Poco importa que él use de un poder conferido legalmente. Eso no quita que él sea un dictador; el hecho es lo mismo, aunque el origen sea distinto.

Vivir en Buenos Aires, es vivir bajo el régimen de la dictadura militar…Vivir bajo el despotismo, aunque sea legal, es una verdadera desgracia. Esta desgracia pesa sobre la noble, gloriosa Repùblica Argentina”.[37] Por otra parte, Saldías, debe admitir que: “…el gobierno de Rozas ofrece semejanzas palpables con el de César, que funda el imperio en los auspicios de los ciudadanos de la República, con Carlos V,.., con Isabel de Inglaterra…”[38]

Se ha llegado a este punto despuès de más de tres lustros de facultades extraordinarias usadas para guerrear y guerrear, en casa propia o en la del vecino.[39]Aùn persiste el sitio a Montevideo, que durarà hasta 1851.¡Casi una década! Uno de los emigrados describe la situación de los sitiados:"…no hay plata, falta de todo y la dieta cotidiana es a base de porotos y pescado; la gente pobre come hasta caballos, gatos, perros…"[40]

Pero, además, està el terror. La mazorca[41] es el principal brazo ejecutor de la Sociedad Popular.
Los mazorqueros[42] son verdaderos terroristas, reclutados en sectores inferiores de la èlite rosista. La Mazorca no tiene lìmites. Nadie puede ponérselos a un cuerpo que actùa fuera de todo orden, vinculándose sólo a la persona de Rozas.[43]

La Mazorca

El terror es un instrumento principal para eliminar enemigos, para disciplinar disidentes, para advertir a los irresolutos y, finalmente, para controlar a sus propios partidarios. El terror no es anárquico. No es masivo ni continuado, sino limitado y esporádico. Es regulado según las circunstancias. Segùn los casos, se utilizan las intimidaciones, las vejaciones, los asesinatos, los fusilamientos, las confiscaciones…Es terrorismo de estado. El terror también tiene una dimensión militar: se lo aplica en el campo de batalla. Los ejércitos son exterminados; rara vez se toman prisioneros o, en caso de tomarlos, los matan luego: cazan a los fugitivos, los degüellan y exhiben sus cabezas. El terror no es, simplemente, una serie de episodios excepcionales, aunque se regule según las circunstancias. Es una parte integral del sistema, el estilo distintivo del régimen. Marca la venganza y el poder de Rozas; es un castigo por el pasado y una advertencia para el futuro. La extrema sanción del régimen, la coerción final.[44]

La revolución francesa de 1848 tiene gran repercusión en Montevideo, desde luego, donde se escribe, por ejemplo, sobre el “Sentido filosófico de la revolución de febrero en Francia”[45]. Pero, también la tiene en Chile donde El Mercurio opina: “ese gran acontecimiento ha venido a reanimar a los corazones, el sentimiento de Patria de cada ciudadano de un país libre como Chile ha experimentado nueva confianza en los destinos del país y del mundo”. Y, por otra parte, El Comercio de Valparaìso comenta: “La Francia, nación generosa y entusiasta se ha puesto al frente de esta cruzada republicana, alumbrarà al mundo como un meteoro; que lo conmoverà como un terremoto, lo inundará como un torrente, y penetrarà por todas partes como el aire y como la luz, porque la Repùblica es el gobierno nacional.”[46]Ademàs, Sarmiento también se hace oir: ”Amemos, pues la revolución francesa, porque es la proclamación de la justicia entre los pueblos, la igualdad entre los hombres, el derecho de la razón, la abolición del antiguo derramamiento de sangre, en nombre del interés de la sociedad, como había sido abolido ya en nombre de èsta o la otra religión…Libertad: he aquí el principio de la ley civil. Igualdad: he aquí el principio de asociación. Fraternidad: he aquí el principio de la ley de las naciones.”[47]

Por otro lado, en Pernambuco, bajo el influjo del 48, se produce un levantamiento liberal, conocido como la revolución praieira. Aunque tal vez, la influencia revolucionaria europea, es más evidente en el caso colombiano. Años después, se recordarìa “que el movimiento político liberal que se iniciò en 1848 y 1849, fue en gran parte producto indirecto de la revolución que instaura en Francia el régimen republicano.”[48]

México, en plena revolución liberal, no està al margen y experimenta el impacto ideológico de la revolución; especialmente, sobre una parte del liberalismo, conocido como democrático. Y, además, sobre sectores que pondràn el acento en el reformismo social, antes y durante la discusión del texto constitucional aprobado en 1857. Finalmente, los efectos sobre Estados Unidos se manifiestan en el impulso de varios movimientos: organizaciones de trabajadores urbanos, por los derechos de la mujer y, principalmente, de lucha contra la esclavitud.

Por el contrario, en Europa se destaca el régimen represivo zarista, que no permite que una sociedad civil independiente pueda emerger en Rusia. A pesar de alguna débil agitación, la revolución de Paris no logró encender la chispa de la imitación. Similarmente, en Argentina, la Santa Federaciòn permanece ajena a las turbulencias globales.

Tan temprano como 1832, Rozas, en uso de las facultades extraordinarias y considerando “lo indispensable que era la unión entre los pueblos de la Repùblica”, ordena la suspensión del Nuevo Tribuno y de El Cometa; y nadie podrá “establecer imprenta ni ser administrador de ella, ni publicarse impreso periódico sin expreso previo permiso del gobierno que deberá solicitarse y expedirse por la escribanìa mayor de gobierno”. De esta manera la prensa queda encadenada; y el pensamiento no puede manifestarse libremente.[49]Por otra parte, en el 37 ordena cerrar el Salón Literario para terminar con “tales reuniones de mocitos haraganes y logistas”.[50]

En una Buenos Aires, donde la mayoría no sabe leer ni escribir, las iglesias cumplen un rol destacado en el aparato de propaganda. Desde el pùlpito, con la imagen del Restaurador en los altares, se transmite el credo rosista. La clave de esta política es la búsqueda a ultranza de la unanimidad, el ideal de una única identidad política, la eliminación del disenso.[51]

Sin desanimarse, el implacable sanjuanino –ilusionado- exclama:” ¡La Prensa¡! He aquí, tirano, el enemigo que sofocaste entre nosotros. He aquí el vellocino de oro que tratamos de conquistar. He aquí como la prensa de Francia, Inglaterra, Brasil, Montevideo, Chile, Corrientes, va a turbar tu sueño en medio del silencio sepulcral de tus victimas…[52]

No obstante, habrá quien escriba, a mediados del siglo XX, que Caseros “no tendría explicación a no ser por la moda, originada en las revoluciones europeas del 48, según la cual todos los gobiernos establecidos por el solo hecho de serlo y de inspirarse en principios tradicionales, eran un anacronismo, y sus opositores tenìan razón. Parece que los màs puros federales se contagiaron de esa moda y por eso se transformaron en instrumentos de los emigrados antirrosistas”. ¡Vaya! ¡Urquiza levantándose contra Rosas por influencia de modas revolucionarias europeas!, se sorprende Milcíades Peña[53]

Su origen, su alma, su clase
“La familia de Rozas es colonial, noble de origen por ambas ramas, siendo màs antigua la prosapia materna. Juan Manuel fue criado por su madre; no tomó leche de negra esclava, ni de mulata, ni de china.[54] Tiene por consiguiente sangre pura, por encarnaciòn sexual y por absorción sanguínea. Siendo sus padres pudientes y hacendados por añadidura, en cuanto eso implica en el Río de la Plata tener estancia. No podían pensar y no pensaron en dedicarlo al clero, ni a la milicia, ni a la abogacía, ni a la medicina, profesiones que, precisamente, sólo eran el refugio de los que no contaban con gran patrimonio.
Asi este hombre, que había nacido para el trabajo y no para la acción, fue durante larguísimos años un misterio y una mistificación para casi todos, excepto para si mismo. Su alma no es perversa, árida y fría; es intermitente, ondulante, pudiendo llegar a no enternecerse jamás.


Saladero

No es sensual. Muchas mujeres, variedad, no necesita. No es de naturaleza fogosa, es sencillamente un neurótico obsceno. La frase picaresca o cruda lo complace, el ademán lascivo lo embriaga, y más allá no va por impulso. Una mujer es para él, ya maduro, asunto de higiene, ni màs ni menos.”[55]

A partir de 1830, las barreras que la ley establecía contra una excesiva concentración de la tierra, ignoradas desde el comienzo, fueron eliminadas. Se crea así un grupo de propietarios más numeroso y dueño de extensiones mayores que durante la colonia. La mayoría de los terratenientes surgen de las filas de la élite política y económica de la ciudad de Buenos Aires, que para entonces incluye también a los extranjeros que dominan el negocio de exportación e importación.[56]

Su gente, son los estancieros saladeristas, su clase. Por cierto, “ningún otro grupo social obtiene mayores beneficios del régimen ni hay otro más interesado íntimamente en mantenerlo intacto”.[57] Efectivamente, toda “esa oligarquía es, antes y durante su gobierno, la piedra angular de su poder. Oligarquía, por otra parte, que con otros nombres, o con los mismos –durante mucho tiempo los mismos-, estando aún Rozas en la rada, próximo a su alejamiento definitivo de la patria, encogiéndose de hombros ante el revés de su antiguo servidor, se enchufan en la nueva situación como si tal cosa”.[58]

“No hay feudos, dice Mansilla, ni señores de horca y cuchillo; pero las campañas contienen algo de eso. El patrón vive en Buenos Aires; va poco a la estancia; muchos no conocen sus tierras capaces de contener reinos como Bélgica, Holanda o Dinamarca. Hay mayordomo, capataz, peonada, más o menos sedentaria, y cuando llegan las grandes faenas como las yerras, el gaucho errante se conchaba por unos cuantos días. Luego vuelve a su vida de cuatrero, merodea, estando hoy con los cristianos, mañana con los indios; y algunas provincias mandan inmigraciones de trabajadores, periódicamente, que en el camino roban cuanto pueden. El patrón, hombre de influencia directa o refleja con el gobierno, consigue siempre para sus mayordomos y capataces alguna representación oficial, ya en el campo, ya en las villas del partido a que pertenece.

Como el paisano, el gaucho, tiene que servir en las milicias y surtir los contingentes para la guerra civil o para la defensa de la frontera, dejando mujer -o hembra- y prole abandonadas. Los patrones, mayordomos o capataces son para ellos como una providencia, de donde resulta cierto vasallaje.

Es la servidumbre. ¡Y qué servidumbre! El patrón o sus representantes pueden cohabitar con las hijas y hasta con la mujer del desheredado; Y éste ¿a quién recurre? O se hace justicia por sus propias manos o agacha la cabeza.”

Al asumir su primer gobierno, el Restaurador, confiesa: “conozco y respeto mucho los talentos de muchos señores que han gobernado el país, y especialmente de los señores Rivadavia, Agüero y otros de su tiempo, pero a mi parecer todos cometían un gran error: se conducían muy bien con la clase ilustrada, pero despreciaban a los hombres de las clases bajas, los de la campaña, que son la gente de acción. Yo noté esto desde el principio y me pareció que en los lances de la revolución, los mismos partidos habían de dar lugar a que esa clase se sobrepusiese y causase los mayores males porque, Ud. sabe la disposición que hay siempre en el que no tiene, contra los ricos y superiores. Me pareció, pues, muy importante conseguir una influencia grande sobre esa gente para contenerla, o para dirigirla, y me propuse adquirir esa influencia a toda costa; para esto me fue preciso trabajar con mucha constancia, con muchos sacrificios hacerme gaucho como ellos, hablar como ellos y hacer cuanto ellos hacían, protegerlos, hacerme apoderado, cuidar de sus intereses, en fin no ahorrar trabajo ni medios para adquirir más su concepto”.[59]

Después de aquellos años de sacrificio, atrapado en la telaraña del poder, vive prácticamente encerrado en su caserón de Palermo. Un palacete criollo donde “se conservan algunos resabios de usos y costumbres medievales. Donde, la comida se sirve diariamente para todos los que quieren participar de ella, fueran visitantes o personas extrañas, todos son bienvenidos. La hija preside la mesa y dos o tres bufones, divierten a los huéspedes con su chistes y agudezas.”[60]

Napoleòn el pequeño
En abril del 49, el anciano general enfermo aunque aliviado, comenta: “El inminente peligro que amenazaba a la Francia por los desorganizadores partidos terroristas, comunistas y socialistas, todos reunidos al sòlo objeto de despreciar, no sòlo el orden y civilización, sino también la propiedad, religión y familia, han contribuìdo muy eficazmente a causar una reacción formidable a favor del orden; asì que se espera con confianza las próximas elecciones de asamblea legislativa, que no sòlo afirmaran la seguridad de la Francia, sino que influirán con su ejemplo en el resto de Europa, la que continùa con agitaciones y complicaciones, que sòlo el tiempo podrá salvar.”[61]

Napoleon III

La flecha del tiempo es inexorable. San Martìn muere un año después. Luis Bonaparte da su golpe de estado al siguiente y se convierte en el emperador Napoleòn III. Pocos meses màs tarde el Supremo de la América del Sud, deja de serlo.
Por aquellos días Victor Hugo enfrenta a Napoleòn le petit: “Sì, el dictador del pueblo francés, el apòstata de la democracia, el enemigo encarnizado de la libertad, el azote de los derechos y soberanía del pueblo, el verdugo de las mas santas instituciones de la humanidad, tiene un pie suspendido en el abismo, se apoya en un barrote carcomido; y ¡ay de èl y de su raza si intentan detener por màs tiempo el impetuoso torrente del mundo moderno! Las revoluciones de la humanidad no se destruyen, no se aniquilan por mas obstáculos que el despotismo oponga a su paso; podrán detenerlas màs o menos tiempo; mas en esta demora no hacen otra cosa, lo mismo que los rìos caudalosos, que aumentar de una manera colosal en fuerza e impetuosidad, hasta que por fin rompen el dique que los contenía arrastràndolo y destrozàndolo para siempre.”[62]

Màs allà del romántico arrebato de Hugo, ciertamente, las tiranìas, tarde o temprano, llegan a su tèrmino, aunque solo fuera por obra de la naturaleza. Por otro lado, aunque sus protagonistas no lo adviertan, las revoluciones tampoco son eternas. Efectivamente, “en 1849 pocos observadores hubieran predicho que la de 1848 serìa la última revolución general en Occidente. Sin embargo, con excepción de la república social, las demandas políticas del liberalismo, el radicalismo democrático y el nacionalismo iban a satisfacerse gradualmente a lo largo de los próximos setenta años en la mayoría de los países desarrollados sin grandes trastornos internos.”[63]

Captura y final

Santos Lugares

Despuès de algunos meses de felicidad, Gutièrrez es reconocido, en una reunión social, por el padre Gannon. Èl y Camila son detenidos e enviados inmediatamente a Buenos Aires. Viajan por el Paranà hacia el invierno, es agosto. La navegaciòn se interrumpe cuando el viento los empuja hacia San Nicolàs. Se ordena continuar el viaje en carruaje, cada reo por separado. Finalmente llegan a La Crujìa, Santos Lugares, a mediados de agosto.
 “El padre Castellanos, barriga cònica, sotana barnizada de mugre, cuello engrasado por el permanente roce de los cachetes colorados, boca sensual, nariz roma, dentadura completa; aclara enfáticamente que tiene que bautizar a la criatura porque se lo impone su ministerio.

La inocente Camila, sin entender, sin poder pensar y sin saber quièn es ese cura ni lo que le están haciendo, abre la boca, traga el agua bendita, confusamente alcanza a ver la bendición que le imparte la mano gorda y sucia del presbítero. Escucha el rumiado latìn del bautismo, se deja vendar los ojos y sentar sobre una silla, la cual suspendida a pulso por dos hombres, facilita la marcha y le ahorra sufrimientos.

Fusilamiento de Camila

La cabeza de Gutièrrez estalla como una granada y cae hacia un costado de la silla con el pecho desfondado. Pero, cuando los soldados se acercan a Camila para el tiro de gracia, retroceden espantados. Està viva. Tiene el vientre perforado y el brazo roto. Gime. Su vestido comienza a arder. El cura se persigna. Le arrojan agua. Los soldados se reacomodan y explota la segunda descarga.”[64]

En ese año de 1848, parecìa que no había, necesidad de más sangre. Rozas creyó lo contrario y no ya para amedrentar, sino para moralizar.[65]

Finalmente Mansilla reflexiona: “en el comienzo Rozas no estaba solo, tenía pueblo a la espalda. ¿Pero por ventura ese pueblo querìa la tiranìa? En 1835 Buenos Aires ratificò la elección de Rozas, hecha por la legislatura, por 9330 votos contra 4. 9330 voluntades que decretaron el suicidio de todo el país ¿en nombre de que?”

Corolario
En los años 40 del siglo siguiente, un intelectual revisionista escribe: “Para nosotros la democracia es el gobierno del pueblo, con o sin parlamento, con o sin jueces.”[66] Un pensamiento de gran actualidad, sin duda.
En la base del sistema republicano esta la democracia. Sin embargo, la elección por el voto popular, siendo una condición necesaria, no es suficiente para tener una democracia republicana.
Un casi contemporáneo del Restaurador explica, con simplicidad, el significado de La Repùblica:  “El despotismo electivo no fue el Gobierno por el que nosotros luchamos; nosotros luchamos por un Gobierno que no estuviese fundado sòlo en los principios de la libertad, sino por uno en el que los poderes gubernamentales estuviesen de tal manera divididos y equilibrados entre las diferentes autoridades, que ningún poder pudiese traspasar los lìmites legales sin ser eficazmente controlado y restringido por los otros.”[67]
Referencias
[1] Elìade, Mircea. Mito y Realidad. Ed.Labor.
[2] Le Goff, Jacques. Pensar la historia. Ed.Paidos
[3] Faber, K.G. The use of history in polical debate, en History and Theory Studies in the Philosophy of History, XVII, 4, supl.17(Historical Consciusness and Political Action)1978.
[4] Mourras, Charles. Polìtico de la extrema derecha francesa. Fundador e ideólogo de la Acciòn Francesa.
[5] Halperin Donghi, Tulio. El revisionism historico argentino como visión decadentista de la historia nacional. Ed.SigloXXI
[6] Paso, Leonardo y otros. Corrientes Historiogràficas. Ed.Centro de Estudios.
[7] Halperin Donghi, Tulio. Ob.cit.
[8] Mac Cann, William. Viaje a Caballo por las Provincias Argentinas. Hyspamèrica.
[9] La Gran Seca abarcò el perìodo 1827-1832.
[10] a) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo. ALKAL Ed. b) Estudios arqueológicos recientes hallaron evidencia de aquel acontecimiento. Ver Intersecciones en Antropologìa [2008]- 9- 307-311 de E.P.Tonni et al.
[11]Etcheverria, Esteban. El Matadero.
[12] Wilde, José A.; Buenos Aires deste 70 años atrás. EUDEBA.
[13] Camila O`Gorman. Hija de Adolfo O`Gorman y Joaquina Ximena Pinto. Amiga intima y confidente de Manuela Rozas.
[14] Se refiere a los federales apostólicos (rosistas incondicionales) en contraposición con los federales cismáticos.
[15] Marmol, Josè; Amalia. Ed. Gradifco.
[16] Mansilla, Lucio.V.; Mis memorias. Citado por Busaniche José Luis, en Estampas del Pasado. Ed. Fondo Nacional de las Artes. Segùn Josè M Gutierrez, Salomón era corpulento.
[17] En la esquina de Corrientes y El Cerrito estaba la pulperìa de Juliàn Gonzàlez Salomòn. La pulpería y su seudónimo (adoptado como apellido) los había heredado de su hermano mayor.
[18] En el presente, en ese lugar se yergue el obelisco.
[19] Saldias, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. EUDEBA.
[20] Arsène Isabelle, Viaje a la Argentina, Uruguay y Brasil. 1830-1834. EMECE.
[21] de Tocqueville, Alexis. Recuerdos de la Revoluciòn de 1848. Ed.Nacional. (Tocqueville era miembro de la Càmara de los diputados, en esos días). Es el autor del recordado trabajo: La Democracia en Amèrica.
[22] Manifiesto Comunista. Karl Marx y Friedrich Engels. 1848.
[23] Montevideo o La Nueva Troya. Alejandro Dumas (p). Ed.del Mirasol. Historia sobre el sitio de Montevideo.
[24] Todo es Historia. No.441, Abril de 2004
[25] Fanny Lewald, A Year of Revolutions: Fanny Lewald´s “Recollections of 1848”. Citado en 1848 year of Revolution, Mike Rapport.
[26] Carta dirigida a Rosas fechada en Boulogne sur Mer el 2 de noviembre de 1848. En junio de ese año se produce en Paris una insurrección obrera encabezada, entre otros, por Louis-Auguste Blanqui. Al menos 1500 trabajadores murieron y alrededor de 12000 fueron arrestados.
[27] Carta de J.M.de Rozas al Geral. San Martin fechada en Buenos Aires en marzo de 1849
[28] Rozas, J.M. de. Carta escrita a Josefa Gómez. Fechada en Southampton, 22 de noviembre de 1869.
[29] Molina, Enrique. Una sombra donde sueña Camila O`Gorman. Ed. Seix Barral
[30] Saenz Quesada, Maria. Mujeres de Rosas. Ed. Seix Barral.
[31] Rivera, Andrés. El Farmer. Ed. Seix Barral
[32] Florencio Varela, vida de un argentino en el exilio. Todo es Historia. 441(abril 2004)
[33] Saldias, Adolfo. Ob.cit
[34] Mansilla, Lucio V. Rozas, ensayo histórico-psicològico.  A-Z editora. Los padres del autor eran: el general rosista Mansilla y Agustina la hermana menor de Rozas.
[35] Lynch, John. Juan Manuel de Rozas. Ed. Hyspamèrica.
[36] Entrevista realizada por Ernesto Quesada en 1873 y publicada en: Rozas, visto por sus contemporáneos de J.L. Busaniche. Ed.Eudeba.
[37] Alberdi, Juan Bautista. La República Argentina, 37 años después de su Revoluciòn de Mayo, Valparaíso, mayo 25 de 1847.
[38] Saldias, Adolfo. Ob.cit.
[39] Mansilla, Lucio V. Ob.cit.
[40] Testimonio de Mariquita Sanchez de Thompson citado por María Saénz Quesada en su obra Mariquita Sanchez editada por Sudamericana.
[41] Di Meglio, Gabriel. ¡Mueran los salvajes unitarios!.La Mazorca y la política en tiempos de Rosas. Ed.Sudamericana. El cerebro de la Mazorca era la Sociedad Popular Restauradora.
[42] Ruiz Moreno, Isidoro J. Crimenes Polìticos. Ed.EMECE.
[43] Mansilla, Lucio. V. Ob.cit
[44] Lynch, John. Ob.cit.
[45] Etcheverria, Esteban. Sentido filosófico de la revolución de febrero en Francia.
[46] Alvarado, P.G.; Ibarra, P.C.; Zùñiga, C.E. La prensa chilena y la Revoluciòn francesa de 1848. Anuario de Pregrado, 2004. ISSN 0718-2848.
[47] Sarmiento, Domingo F. Revoluciòn Francesa de 1848. Tomado de Proyecto y construcción de una nación de Tulio Halperin Donghi.
[48] Presidente colombiano Rafael Nuñez. Citado por Lucìa Sala de Touron de la Universidad de la Repùblica.
[49] Saldias, Adolfo. Ob.cit.
[50] Ramos Mejìa, Josè Marìa. Rosas y su Tiempo. Ed.ECYLA. Miembros del Salon fueron: Etcheverria, Alberdi, Gutierrez, Màrmol, Sastre, etc.
[51] Mansilla, Lucio V. Ob.cit.
[52] Sarmiento,D.F. Facundo.
[53] Peña, Milcìades. El Paraìso Terrateniente. Ed.Fichas. El apologista citado era Ernesto Palacio y el párrafo pertenece a Historia de la Argentina.
[54] China: india aborigen.
[55] La descripción de la personalidad de Rozas se debe a su sobrino Lucio V. Mansilla. Ob.cit.
[56] Halperin Donghi, Tulio. La formación de la clase terrateniente bonaerense. Ed.Prometeo.
[57] Burgin, Miron. Aspectos Económicos del Federalismo Argentino. Es.Solar.
[58] Barba, Enrique M. Como llegó Rozas al poder. Ed.Pleamar
[59] Ibarguren, Carlos. Juan Manuel de Rozas. Ed.Theoria. El fragmento citado pertenece al informe (1829) del Sr.Santiago Vázquez, titulado Confidencias de Don Juan Manuel de Rozas.
[60] Mac Cann, William. Ob.cit. La presencia de bufones la menciona Darwin en su encuentro con Rozas en su campamento del Desierto. Hudson, también hace mención al bufón en Allá lejos y hace tiempo. Finalmente La Madrid y Paz recuerdan haberlos visto en Palermo.
[61] Gral San Martìn. Carta al presidente del Perù, Ramòn Castillo. Fechada el 15 de abril de 1849.
[62] Victor Hugo. Napoleon le pettit. (1852)
[63] Hobsbawm, Eric. La Era del Capital (1848-1875). Ed.Critica.
[64] Pèrez Pardela, Agustin. Camila. Ed.Bruguera.
[65] Mansilla, L.V. Ob.cit.
[66] Jauretche, A. Carta a Avalos, J. 1942. En Scenna,M.A. Forja, una aventura argentina. Ed.La Bastilla. 1972
[67] Jefferson, Thomas. 3r presidente de Estados Unidos. Citado por Loewenstein, KL en Teorìa de la Constituciòn.
Literatura consultada y no citada.
1.-San Martin, su correspondencia. Ed.Amèrica
2.-Valencia, Marta. Tierras pùblicas Tierras privadas-BsAs 1852-1876
3.-Montoya, Alfredo J. Historia de los Saladeros Argentinos. Ed.Letemendia.
4.-Saènz Quesada, Marìa. Los Estancieros. Sudamericana.
5.-San Esteban, Ricardo. El Agro Argentino: Proceso Històrico. Ed.Cartago
6.-Ternavasio, Marcela. Correspondencia de Juan Manuel de Rozas. Ed.Eudeba.
7.-Hudson, Guillermo. Allà lejos y hace tiempo. Ed. Terramar.
8.-Ternavasio, Marcela. La Revoluciòn del Voto. Ed.SigloXXI
9.-Luna, Fèliz. Juan M. de Rozas. Ed.Planeta
10.-Bilbao, Manuel. Historia de Rosas. Ed.Vaccaro.
11.-Burnet-Merlin, Alfredo R. Cuando Rosas quiso ser inglès. Ed.Libera.
12.-El Pensamiento Polìtico de Juan M. de Rosas. Ed. Platero.
13.-Paso, Leonardo y col. Rozas: Realidad y Mito. Ed. Fundamentos.
14.-Rozas, J.M.de. Instrucciones a los mayordomos de estancias. Ed.Theoria.
15.-Correspondencia entre Rozas, Quiroga y Lòpez. Ed.Hachette.
16.-Nicolau, Juan C. Correspondencia inèdita sobre Historia Argentina. Ed.Leviatan
17.-Paso, Leonardo. Los Caudillos y la organización nacional. Ed.Silaba.
18.-Lebedinsky, Mauricio. Estructura de la Ganaderìa. Ed.Quipo.
19.-Sarmiento, D.F. Polìtica de Rozas. Ed.Claridad.
20.-Paz, Gustavo L. Las Guerras Civiles 1820-1870.
21.-Busaniche, Josè L. Rozas. Visto por sus contemporáneos.Ed.EUDEBA.
22.-Halperin Donghi, Tulio. De la Revoluciòn de Independencia a la Confederaciòn Rosista. Ed.Paidos.
23.-Doallo, Betriz C. El Exilio del Restaurador. Ed. Fabro.
24.-Rora, Josè Marìa. Historia Argentina (V). Ed. Oriente.
25.-Gonzàlez Arrili, Bernardo. La Tiranìa y la Libertad. Ed.Lìbera.
26.-Juan M.de Rozas. Cartas del Exilio (1853-1875). Ed. R.Alonso.
27.-Gàlvez, Manuel. Vida de Don J.M. de Rozas. Ed.Tor.
28.-O´Donnell, Pacho. Juan Manuel de Rozas. Ed.Planeta.
29.-Pigna, Felipe. Los Mitos de la historia argentina. Ed.Becket.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Prof. Féliz, admirable su nota sobre la realidad rosista (y actual).
Un abrazo.
Alejandro
General Acha
La Pampa

Dr Mario R Féliz dijo...

Agradezco tu amable atenciòn

Anónimo dijo...

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esteban dijo...

Magnífico como siempre Mario. Tu sabiduría se percibe en cada párrafo. Saludos

Dr Mario R Féliz dijo...

Estimado Esteban, agradezco tu exageración.
Un abrazo,
Mario

Ramiro Z dijo...

Ok convengamos que Urquiza era mason ,No he leido nombrar al gral. facundo Quiroga , ni sobre la abolicion oficial de la esclavitud en 1842 declarada por Rosas , ni de porque cambio su apellido de Ortiz de Rozas, en fin , falto info encuadrada en la epoca y en los eventos . saludos

Dr Mario R Féliz dijo...

Estimado Ramiro, el centro era el año 1848. Por otra parte, segun recuerdo, hasta 1853 se publicaban en la prensa de Bs.As la compra/venta de esclavos.

Dr Mario R Féliz dijo...

Ramiro, si lees en el blog La Cruz de Hierro, veràs que en aquellos años muchos eran masones.